Me describo como romántica y detallista… No sé si sea en parte por la cultura popular a la que estamos expuest@s, mi personalidad o raíces italo-guatemaltecas, pero me declaro amante de las “comedias románticas” y “lo cursi”. Y esto precisamente fue lo que viví en carne propia.
Aunque tengo raíces italianas, conocí Italia cuando tenía 27 años. Sin duda un viaje que significaba muchísimo para mi y del que tenía demasiadas expectativas lo que hacía que tuviese también un poco de temor, ya que no quería decepcionarme o “desencantarme” con el país, la cultura o incluso las personas.
Con dos amigas planeamos un viaje de Semana Santa para recorrer varias ciudades de la bella Italia (no puedo evitarlo, solo con pensar en ese país te enamoras 😍), siendo nuestro punto de encuentro: Milán.
Mi vuelo desde Oporto (Portugal) llegó a Milán con retraso, siendo más de las 11:00pm, por lo que evidentemente perdí el tren que ya tenía reservado desde el Aeropuerto a la estación de tren más cercana a nuestro punto de encuentro con una de mis amigas.
Tomé otro tren y realicé una conexión en el metro de Milán, en donde TODO fue una aventura: las máquinas del metro no aceptaban mis billetes no sé por qué motivo, contaba con poco cambio, no sabía con exactitud qué metro tomar aunque contaba con la ayuda de San Google Maps, entre los nervios por la hora y el estar sola, logré ingresar a la estación de metro. En donde pedí ayuda a un trabajador con mi italiano “livello (nivel) aceptable sin practicar” 😄, quien me acompañó cerca del metro que tenía que tomar.
Mientras me explicaba y caminábamos ambos escuché que alguien silbaba, pero no le hice caso. Luego un vendedor de rosas lo llamó, le dió una rosa al trabajador del metro y él me la entregó. Yo automáticamente pensé “este señor lo que quiere es cobrarme por la rosa por que me ve que soy extranjera” y me negué a aceptarla. El trabajador me insistió y me dijo “es un regalo de un chico que te vió aquí en el metro, ¡anda!”. Nerviosa porque el metro me dejaba acepté la rosa y en una fracción de segundo vi hacia un grupo de chicos que me miraba sonrientemente.
Nunca supe quién de ellos la envió, pero para mí fue un regalo de bienvenida a mi país favorito. Subí al metro y llegué a la parada que quería, ¡maleta y rosa en mano!
Estoy segura de que a muchos “la vida” nos ha sorprendido con detalles de amor así de lindos. Guardé mi rosa todo el viaje, pero más aún guardé un recuerdo que me saca una sonrisa cada vez que lo pienso porque ese viaje fue todo y MÁS de lo que esperaba, el ragazzo sin duda demostró el romaticismo que los italianos tienen en la sangre y me recordó lo bonito que se siente que a uno lo admiren y consientan con detalles (como en las películas). Lo que aprendí es que el “amor” llega cuando menos lo esperas, así que continúa tu vida, vívela al máximo y disfruta el camino, pero que siempre, siempre, siempre… ¡te regalen rosas! 🌹

2 Comentarios
Me encantó este relato también, realmente pueden pasar cosas lindas e inesperadas en los viajes 😊 y siempre debes recordar que la perdona que este contigo, siempre debe Admirarte, Consentirte y regalarte flores. Yo también soy una Romántica empedernida 👏👏🇬🇹
ResponderEliminarEsta ha sido en definitiva una de las mejores experiencias viajando! 🥰 Me alegro te haya gustado! Coincido totalmente, gran parte del amor es la admiración ♥️💋.
Eliminar¡Me encanta saber que me lees! Déjame tu comentario y si no tienes cuenta de Google no olvides incluir tu nombre en el comentario para poder dirigirme a ti. 😉 - Manto