Relato bonito acento


Una de las cosas que más valoro como extranjera viviendo en otro país, es cuando las personas muestran interés y respeto por tus orígenes, en este caso en mi acento y forma de ser. De ese tipo de historias tengo muchas afortunadamente, pero porque aunque no lleve tanto tiempo fuera de mi país, he conservado mi léxico y mi acento.

Hay muchas personas que creen que al irse a vivir a otro sitio conlleva a que la persona cambie completamente estos dos rasgos tan importantes, en mi caso cuando viví en Colombia y ahora que vivo en España busqué siempre mantenerme fiel a mis orígenes, a lo que yo llamo MI ESENCIA. 

Es cierto que hay palabras o modismos que “se pegan”, que de cierta forma tienes que adaptarte para que te comprendan mejor y en mi caso, por mi trabajo, que debas comunicarte usando el lenguaje que utilizan tus clientes y compañeros.

Una de las historias sucede en un bus (creo que es un gran escenario para que sucedan), cuando iba sola de una ciudad a otra, en un viaje de 30 minutos aproximadamente.

Me subo al bus que como de costumbre en Galicia suele ser silencioso, nadie habla, los jóvenes van con los audífonos puestos o pegados al celular; cuando de repente un grupo de señores de unos 40 - 50 años de edad, suben emocionados  al bus (se notaba hasta con la mascarilla ya que era época de pandemia aún), varios iban hablando y uno de ellos se sienta a mi lado. Los lugares no sobraban, pero ni a él ni a mí pareció importarnos.

Iba hablando con sus amigos hasta que en un momento del viaje vé hacia mi lado, el de la ventana, y ambos vemos el lindo paisaje de la ría de Vigo. Muy expresivo me dice que era un paisaje precioso, yo le respondo que sí. Hablamos un poco y de forma muy natural me dice “¡Qué bonito acento tienes! ¿de dónde eres? Porque de aquí cerca no”, y así empezamos una laaaarga conversación haciendo que ninguno de los dos fuera en silencio el resto del viaje, ¡eso sí!. Me dieron pena sus amigos que ya no les hizo mucho caso.


Momentos inesperados, situaciones agradables y las relaciones personales parecen ser algo común, pero entre las cosas más sencillas encontramos muchas veces lo más valioso: los recuerdos.