Relato catedral a oscuras

Una Semana Santa decidimos realizar un viaje ✈️ con dos amigas muy queridas de Guatemala, ellas se encontraban viviendo en Madrid en ese momento, mientras yo ya me encontraba instalada en Vigo (España). Decidimos aprovechar esa semana que teníamos disponibilidad y visitar el país, al que yo le tengo mucho afecto y admiración, Italia.

A diferencia de mis dos amigas, era mi primer viaje a ese país. Así que lo organizamos todo de forma que en la última parada del viaje nos dividiríamos, ellas visitarían un pueblo de la Toscana y yo iría a Florencia, ciudad que ellas ya conocían. 


El contraste entre estar acompañada y sola la última parte del viaje fue evidente, no se sintió mal, sino diferente, siendo el momento en el que más lo noté, cuando me encontraba frente a la Catedral de Florencia cenando por mi cuenta un Jueves Santo por la noche. Luego de cenar decido ir a caminar, ya era cerca de la medianoche, cuando sin imaginarme veo que la Catedral estaba abierta. Nadie estaba cerca de la puerta, así que me acerco curiosa a la misma, y veo que varias personas salían tranquilamente de la Catedral. Cuando entro, me sorprende ver que la Catedral estaba a oscuras e iluminada solamente con velas 🎇, un coro en el altar mayor cantaba canciones religiosas y pocas personas nos encontrábamos disfrutando de ese majestuoso espectáculo. Decido quedarme y disfrutar del momento porque se sentía mucha paz y además era sorprendente ver un lugar tan icónico desde otra perspectiva: poco iluminado, poco concurrido y en silencio, siendo solo el canto lo que se escuchaba en el ambiente.

Al recorrer un poco la Catedral, descubrí que la visita de la misma era pagada y que además tenías que solicitar un ticket con antelación por tantos visitantes que recibe durante todo el año. ¡No me lo puedo creer!, pensé… Entre mis planes estaba comprar el ticket durante mi estadía en la ciudad y visitarla. Hasta la fecha considero esta experiencia un signo de fé en Semana Santa.


Al día siguiente, pasé caminando cerca de una Catedral rodeada de largas filas de visitantes con sus tickets en mano, pero no me detuve sino que seguí mi camino, tranquila y plena, para poder conocer así el resto de la ciudad.